ANA MEDINA

A mis 41 años había probado muchos tipos de terapia diferentes y había hecho bastantes avances, pero sentía que iba muy lentamente y que había ciertos rasgos muy profundos que me acompañaban y que no podía desatascar en mi vida. ¡Cuánta razón tenía, nunca hubiera podido hacerlo en esta vida!

Cuando conocí a Laura, sabía que hacía terapia regresiva y siempre me habían dado respeto las terapias tan profundas y tan desconocidas para mí. Sinceramente, no creía en otras vidas. Pero iba pasando el tiempo y me iba acordando de Laura y la terapia regresiva, así que unos años después decidí iniciar la terapia. Y supe que había acertado. Laura me acompañó y me guió con mucho respeto, humanidad y amor por una parte de mí que desconocía completamente.

Yo tenía grandes bloqueos para relacionarme con los demás profundamente, tanto a nivel de amistad como de pareja, y me había acostumbrado a estar emocionalmente sola. Soy una persona muy sociable y conozco a muchísima gente, caigo bien enseguida, pero siempre me relacionaba desde mi parte superficial, cuando alguna relación se volvía más profunda desconectaba y pasaba a otra cosa.

Me había acostumbrado a estar sola, viajaba sola, hacía deporte sola… Creía que me iba muy bien así pero a veces sentía un profundo vacío interior que me pesaba. También tenía un profundo sentimiento nómada de no querer echar raíces en ninguna parte y de querer vivir en muchos sitios. Sentía que si echaba raíces en un sitio, me estaba perdiendo todo lo que podía llegar a vivir en los otros, y eso me creaba un gran desasosiego interior. Incluso llevaba años con mis maletas en la entrada de casa y no le daba ninguna importancia al hecho de que estuvieran junto a la puerta de entrada. No conseguía ordenar mi casa, a veces lo intentaba, pero el desorden siempre me superaba. Ahora sé que era el reflejo de las piezas emocionales que no lograba ubicar en mi vida.

Gracias a la terapia regresiva, pude entender de dónde venían todas estas cosas y  con mucho amor, sanarlas y dejarlas ir porque en otros momentos y en otras vidas me sirvieron pero en esta vida no tenían sentido y me entorpecían.

Ahora mi casa está ordenada, mis maletas están en una habitación al fondo de la casa, digo que no cuando es necesario, ya no me da miedo mostrarme como soy y no huyo a la primera de cambio. ¡Incluso he tenido una primera cita amorosa! Sinceramente, gracias Laura.

 

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