RAQUEL BURGUES

Cuando empecé el proceso de terapia regresiva, no sabía quién era y lo más doloroso fue descubrir que mi persona no existía. A los treinta y siete años de vida en este cuerpo, todavía no había existido. Únicamente existían el resto de las personas que me rodeaban: familia, amigos, compañeros de trabajo… Cualquier ser o persona pasaba por encima de mí y yo no era consciente de ello.

Durante este tiempo he aprendido a empezar a conocerme, a respetarme, a tener compasión de mí, a perdonarme, a decir “NO” y a concederme tiempo para responder cuando no tengo claro lo que debo decir o hacer. He aprendido que mi norte existe, pero que no es fijo, así como no hay una única realidad. He aprendido que el norte es un punto de referencia variable que he de saber encontrar en mi interior cada día y en cada situación de la vida, así como varía la posición de la estrella polar en el firmamento durante los trescientos sesenta y cinco días del año. He aprendido que el tiempo es relativo y que no es tan importante hacer lo que sea lo más rápido posible para pasar a hacer o aprender otra cosa, sino hacer las cosas con conciencia, disfrutando del momento. He aprendido que el tren pasa por la vida cuando es el momento, si pasa antes no estás preparado, si pasa tarde ya no lo quieres. He aprendido que nada de lo que pasa es fruto de la casualidad, que todo está programado y maravillosamente planificado. He aprendido que no estamos solos en este mundo, que hay seres maravillosos que nos cuidan, guían y guardan en nuestro camino.

De la terapia regresiva solo puedo decir cosas positivas. Para mí ha sido duro, pero muy positivo. La mentora del “Metódo San Miguel” ha creado una terapia precisa y al mismo tiempo dulce para mi experiencia como paciente, en la que poco a poco han ido fluyendo los sentimientos y los hechos hasta que me he sentido preparada para llevarlos a la luz, aceptarlos y trabajarlos. De Laura como terapeuta, solo puedo decir cosas positivas. Cualquier método, sea el que sea, no puede ser efectivo si detrás no hay una persona asentada, firme y con una buena capacidad de visión sobre el proceso. Para mí, ese es el caso de Laura: una persona sólida, firme, con capacidad de margen de reacción, humana, sencilla y humilde, capaz de no dejarse cabos por atar, que me ha sabido escuchar, respetar y llevar a buen término mis sentimientos en cada momento.

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