BELÉN ARTIGUES

Con la Terapia regresiva he perdido el miedo a la muerte. Esto me ha ayudado en el momento de la muerte de mi padre (poco después de acabar mi proceso). Saber que siempre vamos hacia la luz y recordar la paz y la tranquilidad que yo sentí en cada ascensión hacia la luz, me ha servido para enfrentar con tranquilidad la muerte de mi padre, sabiendo que él también iría hacia la luz y confiada en que su guía lo acompañaría. Quizás estemos solos en la tierra, pero no tengo ninguna duda de que estamos acompañados de ángeles y almas.

Entender que nosotros escogemos la familia y la vida que necesitamos para recordar y aprender quienes somos, me ha permitido aligerar el peso de la mochila y responsabilizarme de cosas que antes no veía.

La consulta inicial fue por un tema de prosperidad, pero he descubierto que arrastraba culpas después de tantas y tantas vidas, que yo me seguía culpando e impidiendo estar bien. Perdonarse y perdonar a los demás no siempre es fácil, pero he podido dar un paso adelante.

Revivir la vida de un hombre bueno (supongo que un cátaro) me ha hecho recordar el símbolo de la cruz y VIVIR a Dios de una manera que nunca antes habría creído posible. No soy creyente y hace años que no voy a la iglesia, pero mi vivencia y el hecho de poder recordarme en la vida de este hombre me ha llevado a una verdad que a veces olvido: “Si no es por AMOR nada tiene sentido, si no es con AMOR nada vale la pena”.

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